Testimonio con el uso de ¡Claro que Puedo!

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A este testimonio no le he cambiado absolutamente nada de lo que esta señora linda escribió, y se lo agradezco, y aunque lo normal es que quisiera quitar partes en que se me hace sentir bien a mí como persona y en otra época las hubiera quitado por “modestia” aprendida, en esta ocasión te las recibo Vanessa y te las agradezco y agradezco muchísimo el escrito que me mandaste y que comparto con todas las amigas y amigos del Facebook!  Rosario

Claro que Puedo!

Este libro llegó a mis manos gracias a las manos generosas de Rosario Urrutia, quien gentilmente me donó unos libros para compartir con mi familia. Soy una madre de tres niños; de 3 meses, 5 y 7 años a quienes quiero mostrarles una forma diferente de ver el mundo. Con esta intención, decidí darle a mis hijos mayores un libro Claro que Puedo!, juntos les colocamos una etiqueta de identificación y les colocamos nylon para cuidar y apreciar el libro. Les enseñé como podían utilizar el libro y leí la primera afirmación. Luego mi hijo mayor tomó la decisión de leer el libro todos los días a su hermana antes de irse al colegio; ella repite fielmente lo que su hermanito le lee. Me impresiona ver que hasta mi bebé parece disfrutar esas afirmaciones. Algo que me sorprendió fue un día que por las carreras no nos dio tiempo de leer el libro y nos fuimos al colegio. Mi hija ese día jugando se tropezó y golpeó su cabeza contra un árbol, lo que le ocasionó un gran chinchón. Cuando llegó a la casa la curé y después leímos la afirmación del día y casualmente la afirmación hacía referencia a la importancia de nuestra cabeza y sus maravillosas funciones. Ella sonrió y dijo:  “Mami amo mi cabeza de ahora en adelante voy a cuidarla más”. Otro día mi hija al levantarse me pidió un vaso con agua, ella no quería leche, quería agua pura. Se la di y la tomó con muchas ganas. Cuando leímos la afirmación esta decía: “El agua es un regalo del cielo y es mi bebida predilecta”.
Con mi hijo mayor también he tenido lindas experiencias: Un sábado él salió a jugar pelota en frente de la casa con mi esposo y un amiguito. Luego de un rato de jugar el niño de dijo a mi hijo que el gol no valía porque la pelota la había parado y que luego entro a la portería, mi hijo decía que sí. Por último el amiguito le dijo a mi hijo que era un mentiroso. Mi hijo entró llorando a la casa y me dijo que lo habían ofendido porque él no es un niño mentiroso. Yo dejé que llorara y se desahogara, luego lo abracé y le dije: “Hijo recuerdas lo que leímos hoy: “Dios siempre produce en mí la necesidad de limpiar las ofensas que recibo y transformarlas en amor y compasión”. Él se quedó callado, pensando en lo que decía la afirmación y respondió. “Mami, el me ofendió diciéndome mentiroso, pero lo perdono”. Dicho eso volvió a sonreír y se dispuso a seguir jugando y ser feliz”.
Las afirmaciones son poderosas, no importa la edad que tengamos; todos nos beneficiamos de ellas. Si como padres cambiamos nuestra forma de pensar, seguramente que nuestros hijos lo harán, nuestras familias cambiarán positivamente y podremos ser una mejor influencia para nuestra sociedad, para nuestro mundo en general. Gracias Rosario por darnos tan bella herramienta de vida. Y como dice Rosario Urrutia ¡Salud!