¿SE ENFERMAN MUCHO SUS HIJOS? ¿SACAN SIEMPRE EXCELENTES NOTAS, RESTANDO TIEMPO AL JUEGO? ¿SON REBELDES, TERRIBLES, MALCRIADOS? ¿ESTÁN OBESOS, NO PARAN DE “PICAR”?
¿Ha escuchado hablar del “HAMBRE DE AMOR”?
Cuando un niño no es nutrido en la infancia, de adulto seguirá pidiendo eso que no tuvo en suficiente dosis.
Un niño poco amparado, poco aceptado, poco acariciado y sin límites, o hace tremendos esfuerzos para adaptarse o entra en conductas destructivas por el hambre emocional que padece.
Todos necesitamos “una mirada”. Los niños la piden de muchas maneras, si por las buenas no la tienen, se portan terribles, demandan mucho, se enferman todo el tiempo o son malcriados.
El niño necesitado se convierte en un joven desesperado, ávido y feroz. Está como en un desierto con desconexión y desamparo. Adolescentes se escapan de la escuela, usan drogas, sexo desenfrenado, problemas alimenticios.
La edad no cambia la sed, sólo disfraza la manera de hacerla patente, por eso, no importa cuánta comida devore, cuántas pastillas tome, cuánto alcohol ingiera, cuántas conductas y relaciones destructivas tenga.
Si nos sentimos desbordados, ya somos adultos para hacernos cargo de nosotros mismos y revertir o darles el cauce apropiado a las necesidades no satisfechas por falta de mimos y atención en el pasado.
Es ahora cuando debemos sanarnos, porque si no, lo más seguro es que traslademos esa hambre sobre nuestros hijos.1235306_608668502502162_143847562_n