Cuando crece una planta silvestre en el jardín….

images-2

¿Te ha pasado que entras a casa y te das cuenta que en tu jardín, o en alguna maceta crece una planta que no has sembrado tú? Hoy quiero que sepas que no es casualidad.

Desde principios del siglo pasado, estudios como los del doctor inglés Edward Bach; el alemán Andreas Korte o los esposos Kamisnky de Estados Unidos; han demostrado que las plantas tienen una relación directa con las emociones humanas. El doctor Bach sostenía que no existen enfermedades; únicamente enfermos, y que lo que debe curarse no es la enfermedad; sino la actitud de la persona enferma. De esta forma encontró que para restaurar ese desequilibrio emocional o físico en las personas, la vibración específica de una planta era de gran beneficio, por lo que creó 38 esencias de flores que aún hoy se siguen utilizando como una de las terapias más aceptadas y conocidas dentro de la medicina holística.

Partiendo de la relación entre las emociones y las plantas; incluso de los tecitos y remedios que nuestras abuelas hacían con plantas medicinales, pensemos en las plantas que, sin haberlas sembrado, crecen en nuestros jardines, en nuestras macetas, incluso en las banquetas frente a nuestras casas. Cuando esto sucede, es porque exactamente esa es la planta -con sus cualidades energéticas y espirituales- que alguien, de los que vive en esa casa, necesita.

Cuando crece una planta en nuestro jardín que nosotros no sembramos a propósito, es porque el viento llevó la semilla; un pajarito en sus patitas trasladó el polen; una abejita hizo la polinización, o incluso, sin querer, la llevamos en nuestros zapatos hasta el lugar donde crece. El hecho es que, sea como haya sido, nos hayamos dado cuenta o no; la energía que necesitábamos en ese momento para sanar una enfermedad, una situación emocional o un conflicto, está creciendo en nuestro jardín y apoyando nuestro camino de evolución. Todas las plantas tienen una cualidad, una esencia, un alma, que ayuda al ser humano a equilibrar y sanar sus bloqueos emocionales y espirituales y a avanzar en su camino; no curando los síntomas de la enfermedad, sino el origen de la misma.

Así que, la próxima vez que veas en tu jardín una hermosa flor o una plantita que no sembraste, entra al internet a averiguar cómo se llama, en qué te apoya, y recibe su energía de una forma consciente. Si tienes tiempo de sentarte frente a la planta y dejar que ella se comunique y te diga por qué está allí y cuál es su función y su misión, ¡mucho mejor!

Si quieres leer y conocer más de Rosario Urrutia haz click aquí.