El perdón es la fragancia…

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El perdón es la fragancia que derrama la violeta en el talón que la aplastó.

 

(Mark Twain) ¿qué te hace pensar esta frase tan profunda?

 

 

 

Hay algo que no hemos hablado, en el artículo pasado sobre el perdón, y es el que nos otorgamos o nos negamos a nosotros mismos.

 

¿Será que con ello nos gusta martirizarnos o darnos importancia? Cualquiera que sea la respuesta, cuesta muy cara, ya que el autodesprecio nos mina la salud, la energía y la autoestima.

 

Aprendamos de una vez por todas: no somos quiénes para juzgar ni juzgarnos, porque aparte que fuimos educados con un ideal de perfección muy alto, en nuestra cultura, como en todas, hay quienes “en nombre de Dios” nos han impuesto lo que es “bueno” y lo que es “malo”.

 

Démonos el bienestar de cancelar “nuestras deudas” con nosotros y con otros, de sentirnos felices de vivir, sin odiar ni resentir. El pasado ya pasó, aligerémonos de esta carga que nos oprime y hagamos con nuestra vida lo que bien podamos.

 

Muchos dicen “el tiempo ayuda”, pero como el perdón es una decisión no un sentimiento ni un olvido, no hay tiempo que valga porque sería equivalente a querer saltar un zanjón a brinquitos. ¡Hay que pegar el salto, decídete! Y verás que sensación de libertad experimentarás. Fluirás por la vida.

 

Respecto a las personas conocidas que ya se han ido a otra dimensión, no sintamos culpa por lo que pudo haber sido y no fue, tampoco resintamos lo que “nos hicieron” los errores producto de su ignorancia, o  del fardo que llevaban a cuestas.

 

Todo, absolutamente todo, nos sirve para aprender, para crecer, para ser, para ello estamos en el mundo. Compañeros de humanidad, que han coincidido conmigo en este tiempo y en este espacio que llamamos vida ¡ no más condenas! Porque sólo nos hacen sufrir, nos atan y a eso no venimos al planeta.

 

 Le preguntaron a un Maestro: ¿qué he de hacer para perdonar a otros?

 

“Si no juzgaras a nadie, nunca tendrías necesidad de perdonar”