El Rey Midas

Hay un personaje de un cuento que se llama “El Rey Midas” y que se considera un arquetipo también porque todos llevamos a un Rey Midas dentro de nosotros.  Y podemos usar esa capacidad del Rey Midas en positivo y beneficiarnos y beneficiar a otros o en negativo y dañarnos o dañar a otros.   El Rey Midas tuvo un deseo que le fue concedido y es que todo lo que tocara se convertiría en oro.  Y así sucedió, cada florero, adorno, mesa, sillas, todo lo que tocaba se iba convirtiendo en oro y el se sentía tan realizado de que su sueño se había convertido en realidad, y cada vez trataba de tocar más cosas porque la ambición fue creciendo en él y quería más y más oro!.  El problema fue que su hija se le acercó para hablarle porque necesitaba ser escuchada y él, que estaba ocupado transformando todo lo que tocaba en oro y que en su mente sólo tenía ese deseo de oro, y de tocar todo lo que se le pusiera enfrente, la tocó en su hombro para decirle que no tenía tiempo en ese momento para escucharla, y….. la hija, su única hija,  se convirtió en una estatua de oro.!

Su dolor fue muy grande y hasta que sucedió ese evento hizo consciencia del daño que con su ambición se estaba ocasionando y le había ocasionado a ella.  Esa actitud es un ejemplo, a través de un cuento, y es un indicativo de cuando en las personas lo material está encima de todo,  incluso del amor por los seres amados.  El Rey Midas es un cuento para niños, y para adultos también porque nos da una lección que muchos de nosotros vivimos en muchos momentos de nuestras vidas.

El ser una persona que convierte todo lo que toca en oro puede ser positivo cuando con equilibrio esta persona sabe hacer uso adecuado y correcto del dinero y sabe que la abundancia implica también el saber disfrutarlo con equilibrio, el saber compartir y el saber beneficiar a muchos de ese dinero, y que nunca el dinero va a estar por encima de dañar a un ser humano.  Por el contrario, cuando usamos esa habilidad de transformar todo lo que se toca en oro de forma egoista, ambiciosa y sin ningún propósito justo, esa actitud nos puede llevar a la ruina física, emocional y espiritual.  No es malo tener dinero, no es malo tener la habilidad de ser buenos negociantes, de vender mucho, de saber movilizar el dinero, de saber ponerlo a fluir e incluso de saberlo disfrutar con equilibrio.

Reflexión:  Cuando nuestros hijos se acercan a nosotros para hablarnos, para compartir con nosotros… los hacemos a un lado porque estamos muy ocupados con nuestros negocios? o estamos muy ocupados tocando todo lo que podamos para transformarlo en oro?

Interesante no?