Vitaminas para el Alma

Vitaminas para el Alma

Este escrito se lo hizo Tuti, mi hija, a su abuelito hace varios años con motivo de su cumpleaños, me parece que esto es Vitaminas para el Alma.

“Hoy voy a dejar de lado un poco mis reflexiones maternales para compartirles un poco sobre un personaje que se merece todo mi amor, respeto y, sobre todo, mi admiración.

Hoy, 28 de septiembre, cumple 91 años mi abuelo, mi “Lelo”. O bueno, no tan mío, ya que con 5 hijos, veintitantos nietos y 6 biznietos (si no estoy mal), no tengo el derecho de apropiármelo.

La historia exacta no me la sé, sólo él en su corazón la sabe a cabalidad; ya saben, con todas las cargas de sentimientos, emociones y pensamientos que cada uno -y sólo cada uno- podemos cargar de los recuerdos de nuestra vida.

Sé que fue un niño que creció sólo con su mamá y sus otros 2 hermanos, en una familia y con una infancia muy pobre. Él nos ha contado (y mi abuela nos lo recordaba también) que varias veces tuvo que ir a empeñar el anillo de su mamá a la tienda para poder tener algo que comer. También sé que con dificultad avanzó en la primaria y no por falta de talento, sino por falta de dinero (tengo una versión en mi cabeza -no sé si es la verdadera- de que no la finalizó realmente). Entiendo que tuvo que trabajar desde muy niño para ayudar a su mamá en la casa, por lo que le tocó aprender labores de carpintero, albañil y cuanta cosa se le pusiera enfrente. Afortunadamente él siempre tan talentoso, a pesar de sus carencias, lo aprendió maravillosamente bien. Y de la misma forma sé una y mil historias más de las grandes limitantes que “Lelo” tuvo de pequeño.

Afortunadamente, si bien le tocó vivir una vida muy pobre en lo material, en lo intelectual y espiritual sé que él llegó antes que muchos de nosotros a la “repartición”, porque a lo largo de su vida siempre ha tenido una tenacidad, una disciplina, una fuerza de voluntad y un corazón tan grandes y tan fuertes que nada ni nadie lo vence.

No puedo extenderme demasiado en estos escritos, aunque esta vez me encantaría, pero para resumirles la historia, hasta la fecha mi abuelo ha aprendido 7 idiomas (entre ellos uno maya y esperanto) estuvo a cargo de ingenieros y profesionales en una generadora de electricidad toda su vida laboral, lee cuanto libro ve (en todos los idiomas que conoce), toca piano maravillosamente, escribe mil cuentos, sabe esculpir, tallar, pintar, modelar, ha construido mil figuras, mil estatuas, mil aves, mil muebles perfectamente bien torneados y tallados, hace sus propios experimentos como “construir una estufa solar” o “un reloj solar” y mil cosas más de esas que a los nietos nos encantan… además de ser la fuente de consulta principal de toda la familia porque es una enciclopedia viviente… ¡en fin!

¿Recuerdan la canción de Enrique y Ana “…mi abuelo es dulce como el flan de chocolate… tiene gracia, tiene coco, mi abuelito es especial…” Sí, estoy casi convencida que ellos conocieron a mi “abuelo inventor” y de allí salió su canción.

Uno de sus hijos, le escribió una canción que lo define muy bien (y que a todos nos saca las lágrimas, por cierto) “Manos de carpintero, mente de ingeniero, millonario en cariño… Espíritu de fuego, voluntad de acero y alma de niño”. Y es que así es el “Lelo” siempre dispuesto a jugar, a sacar algún comentario divertido para hacerte reír, siempre con ocurrencias, siempre disfrutando “como niño” de los atardeceres, de los pajaritos que trinan en las tardes, del viento, del mar, de los niños y de todas esas cosas que a los adultos se nos olvida disfrutar.

¿Qué adoro de mi Lelo? Su capacidad para amar, para entregarse enterito a su familia, su tenacidad y voluntad para siempre “seguir aprendiendo algo”, su espíritu de solidaridad (de regalo de cumpleaños pide víveres para regalar porque él “lo tiene todo”), su gran capacidad de regalarnos a todos, hijos, nietos y biznietos, mil y un recuerdos maravillosos de su compañía y sus ocurrencias (decir “manquetilla” en lugar de “mantequilla” por ejemplo), su ternura y sus ganas de vivirlo todo.

Me siento muy orgullosa de mi abuelo, me siento muy orgullosa de su historia y por eso (en pocas pinceladas) se las comparto; sé que en mi vida sigue enseñando muchísimas lecciones para poner en práctica y ojalá ustedes también las puedan aplicar: “Cambiar la historia: todos tenemos la capacidad de cambiar la historia que nos tocó vivir” “Siempre aprender: tengamos la edad que tengamos, siempre podemos aprender algo más” “Nunca darse por vencido (ha pasado por un par de infartos y una embolia, ¡Ah! y estuvo “cortejando” a mi abuela por ¡7 años!)” “Tu principal tesoro es eso que no pagas con dinero, sino con tiempo: tu familia”.

Celebrándole sus 91 primaveras me dijo: “Lo bueno de mi edad es que para mí los años son invertidos… el uno lo cambias por el nueve y esos años tengo: “19”.

¿Y saben qué? ¡Yo le creo! ¡Feliz Cumpleaños Lelo, gracias por el cariño, gracias por los cuentos, gracias por los juegos, gracias por las enseñanzas, gracias por existir! ¡Nos sigues haciendo a todos la vida mucho más interesante y divertida! Te quiero.”