Regresiones

La Terapia de Regresión es una terapia del alma porque la libera de la carga emocional asociada a un acontecimiento guardado en el subconsciente. La huella que quedó impresa en el cuerpo emocional por esa vivencia, condiciona el comportamiento del sujeto en su vida actual. Como el alma no está regida por el espacio-tiempo, las impresiones pasadas están vigentes y por eso es posible acceder a ellas.

A continuación presentamos 3 regresiones realizadas a la misma persona que gentilmente nos las brindó para poderlas publicar porque le han hecho cambios impresionantes en su vida y en su salud.  Ella ha realizado ya 10 regresiones y los cambios continúan. La persona se presentó con un problema de 8 años de diarrea diaria.  Ha mejorado un 90% y las regresiones jugaron un papel muy primordial en su mejoría.

Esta vida se encontró a través de 3 sesiones de regresión.

En la primer sesión :
Me intuyo con un vestido blanco o color muy claro, de época.  Vestido de mucho vuelo, fustanes, cortesano.  Soy joven entre los 16 y los 20 años.  Estoy en el jardín trasero de un palacete, con esas gradas de piedra que llevan a un jardín muy grande,  y donde intuyo un pequeño bosque hacia el lado izquierdo.  Atrás está esa mansión o palacete.

Al frente de ese palacete  veo un camino de tierra que culmina en esa especie de rotonda frente a la entrada principal del palacete.  Tengo la impresión que al entrar hay como corredores hacia los dos lados y un patio en medio, pero luego está lo que es toda la casa.
Vamos a otra escena de esa vida.  Yo le pido al Padre que me ayude a encontrar  aquello que debo conocer; aparece una escena en donde estoy parada en las mismas gradas; pero parece que hay una reunión, es una fiesta, o algo similar.  Pareciera que yo soy el objeto de la reunión.  No interactúo con nadie, solo hay un niño de unos 10 años abajo a mi lado derecho, que me ve como diciendo “que bonita es esa señorita”. Tengo la impresión que es mi hermano de esta vida.

Me veo luego, como de unos 30 años más o menos, hay dos niños de entre 6 y 9 años, que se acercan muy contentos a contarme algo.  Son mis hijos; pero parece que yo soy de un temperamento muy frío y solo les presto atención pero no con expresión muy amorosa.

Intuyo también una cocina grande donde hay varias empleadas con vestidos de tela rústica, largos y cofias blancas en la cabeza, que se ocupan de hacer cosas.

A continuación se presenta una escena donde mi madre está muy grave y está muriendo; yo estoy situada hacia los pies de la cama, pero un poco alejada y tengo como unos 5 o 6 años. Se ve avejentada.  Tiene el pelo un poco gris. Esta como dormida.  En la habitación hay al menos 2 empleadas, que deben ser de confianza.  Un hombre de unos 40 años, que quizás es el médico, un hombre joven en los 20s  o 30s parece un secretario.  Hay una mujer joven también en los 20s o 30s, que creo que es quien me cuida, mi institutriz.  Creo que siento afecto por ella.
Lo interesante es que no siento tristeza por la próxima muerte de mi mama; tal vez no lo entiendo, pero siento preocupación, nada más.  Y siento que ese es el sentimiento que se percibe entre las personas que están en la habitación.
Tuve la impresión que mi mamá de esa vida, era alguien de la familia de mi mama, pero no pude reconocerla completamente.
Independientemente del sentimiento que inspire la muerte de mi mamá de esa vida, en las personas que están alrededor; tengo la impresión que la preocupación que se percibe, es porque mi papá no está.

Así que buscamos una escena donde aparezca mi papa de esa vida. Y encuentro un día en el jardín.  Mi mamá está sentada en la grama, mi papá parado vestido con traje oscuro y sombrero.  Yo tengo como 2 años y estoy paradita cerca de ellos.  Mi mama no se muestra muy amorosa conmigo.  Ni mi papá tampoco.  Parece que los dos son muy fríos conmigo y posiblemente así me enseñaron a ser.  Me parece que mi papa viaja, o tiene que alejarse de la casa quizás un poco a menudo.

Luego veo el momento cuando mi papá llega al cuarto de mi mamá que ya murió.  Lo veo hincado o agachado al lado de la cama, tomando una mano de mi mama entre las suyas y llora por ella.  Creo que la quería mucho; pero conmigo no eran cariñosos.

Buscamos entonces al padre mis dos niños, y lo veo detrás de un escritorio en un estudio amplio, escribiendo o algo similar.  Yo entro y él me mira con amor y ternura.  Es obvio que me quiere y es amoroso conmigo.  Que me pone atención y se interesa por mí.  Me doy cuenta que yo soy muy fría.  Ese parece ser mi sello en esa vida.
Al principio no sé quién es el.  Tiene el pelo negro y tiene barba; después de un momento, caigo en cuenta que es mi marido actual.  Y entonces las piezas empiezan a juntarse.  Parece que es esta familia completa en una vida previa: mi marido, yo y mis dos hijos.  El es muy cariñoso, tierno, atento, amoroso conmigo.  Es evidente que está enamorado de mi. Que se interesa por mí, que me presta atención. Pero yo soy fría, distante y aunque lo respeto y le tengo afecto; no soy amorosa, ni tierna, ni nada.  Soy muy fría con él y también con mis hijos.  Por alguna razón que todavía no encontré, ya sea porque así eran mis papas conmigo o por alguna otra razón, yo fui una persona fría y distante desde que era muy joven.

Cobrar conciencia de mi frialdad y la ternura y el cariño de mi marido, me hizo llorar; y lo primero que me surgió fue decir “pero yo no tuve la culpa, así era yo; no podía ser de otra manera”.

Segunda sesión:
Me veo en un salón grande de un palacio o algo similar. Es una fiesta, es alegre hay muchas personas y yo veo a todos, aunque no reconozco a nadie de esta vida.  Después me veo afuera en una especie de terraza donde hay una fuente, un pequeño estanque,  me parece que espero a alguien.  Quien quiera que sea no llega a aparecer, es más, en realidad parece que nunca llega.
Me doy cuenta que es la misma vida de la regresión anterior.

Siento que voy lentamente entrando en las situaciones de esa vida.  Mis hijos están más grandes.  El mayor es un adolescente y se va a estudiar lejos.  No sé por qué; pero a raíz del desenlace de esta vida, es posible que se fuera lejos, por seguridad.  El pequeño todavía no se va, tiene unos 3 o 4 años menos aproximadamente.
Es evidente que somos una familia económicamente acomodada. Tengo suficiente personal de servicio que hace todo.  Mi marido, no sé a qué se dedica, probablemente la buena situación económica venga de familia.  Puede ser que seamos nobles.

Vamos atrás y me doy cuenta que en el momento de la fiesta yo era una patoja alegre, contenta, y que al muchacho que esperaba en la fuente era alegre y divertido.  Aunque no llegué a “verlo”, sentí su energía.
Pude presentir que después me casé con el que era mi marido, pero aunque sentía afecto y respeto por el, me parece que no estaba enamorada de el.  Tal vez fue un matrimonio un poco de conveniencia.  Pero no soy precisamente feliz en ese matrimonio.

Veo una cabaña en las afueras de un bosque.  Parece que era una casita para guardar aparejos de caza y pesca.  Tiene una chimenea y algunos sillones y cosas guardadas.  Es como si sirviera para guardar esas cosas y como para descansar algún rato al volver de cacería o pesca.  Puedo presentir que tampoco eran cosas que me encantara hacer.  El lugar no era ni sucio ni abandonado.  Creo que esa imagen, sirve mas que nada para pintar el tipo de vida que llevábamos.  Muy, muy cómoda.

Como aparentemente esta vida está ya bastante definida en sus características, vamos al final de esa vida.  Al principio no logro ver nada.  Todo empieza muy lentamente.  No me veo ni muy vieja, ni enferma, ni sé si me quedé viuda.
Entonces todo se desencadena muy rápidamente y las emociones son extraordinariamente fuertes.  Empiezo a presentir que morimos juntos con mi marido, al menos en la misma circunstancia; presiento “revolución, sublevación”.
Y de pronto… siento una gran angustia porque me doy cuenta que nuestros hijos se van a quedar solos.  Esto se expresa con sentimientos muy fuertes y vívidos.  Siento un dolor muy grande, una gran angustia de pensar que los hijos se quedan solos y quizás también quizás temo por su seguridad.

Por este momento Mariíta (mi terapeuta) empieza a pedir luz para sanar el dolor.  Y junto a la luz para sanar, yo empiezo a tener más conciencia de lo que pasó.  Alguien parece haber entrado en la casa (palacio) es un hombre, o quizás más de uno, que no viste como nosotros.  Definitivamente pertenece a otra condición social.
Entonces presiento que conseguimos que el hijo pequeño huyera.  Creo que la intención es que llegara a donde está su hermano mayor, para salvarlo.  Me parece que yo trato de huir también; pero me capturan y de alguna manera morimos junto con mi esposo, en esa misma situación.  El quizás también trató de escapar, pero creo que hizo tiempo para que nuestro hijo pequeño y yo escapáramos.  Yo no lo conseguí.  Mi marido se sacrificó por nosotros, porque se quedó atrás dando tiempo.

En ese momento me sacuden emociones tremendamente fuertes.  Miedo, escape, huida, dolor, angustia.  Y en ese momento el amor se hace presente de una manera muy intensa al revelarse detrás del dolor y la angustia.  El amor por los hijos, el amor por el marido que se sacrifica para salvarnos.  En ese momento cobro consciencia que a pesar todo, amaba profundamente a mi marido y reconozco el gran amor de él por nosotros.

Esta vida es tremendamente impactante porque se presenta la familia entera, es  muy fuerte con todo lo que ocurre e influye tanto en esta vida.

Tercera sesión:
Después de la regresión anterior y aunque parecía haber concluido esa vida; estuve guardando la   impresión que faltaba algo más en esa vida.
El primer contacto con esa vida  es otra vez el salón grande donde hay una fiesta.  Yo observo a las personas desde lo alto, como si fuera un corredor en un segundo piso o un balcón.  Abajo las personas, vestidas con elegancia y de época, bailan; me veo bailando. Es alegre y parece que es algo como una polka en la que se va cambiando de parejas. Es un momento muy alegre.  Soy joven.
Lo siguiente que puedo ver, es que voy en un carruaje aparentemente sola.  Tengo la impresión que vuelvo a mi casa, después de esa fiesta.  Pero pudo ser otra oportunidad.  Es de noche y solo va el cochero y yo.  Es raro, que vaya sola; pero así es.  Probablemente pinta el hecho de que yo estaba prácticamente sola en esa casa.
No presentí más familia, ni hermanos, ni nada; hasta más adelante cuando aparece mi marido y mis hijos.

Vamos otra vez a la infancia a buscar más información y vuelvo a ver a la niñita de dos años con sus papás, a quienes no pude identificar.  Tuve la impresión de que después de la muerte de mi mamá, yo vivía casi sola en esa casa.  Había empleados, y una persona que me cuidaba y enseñaba; como mi institutriz.  Me ví en un salón grande donde mi institutriz me daba clases.  Era grande y tenía unas grandes ventanas que lo iluminaba y daban hacia algo que parecía una terraza. Percibí la sensación de aburrimiento.  Presentí también que mi papá aunque se ocupaba de que todo funcionara, estaba como ausente. Tuve una imagen de una noche en la que él se acercaba a mi cama a darme un beso; pero no parecía ser algo habitual.  Presentí que él viajaba, se ausentaba o quizás aunque estuviera allí, estaba como ausente.  Creo que se sentía muy solo.
La sensación es que el amaba mucho a mi mama, probablemente se amaban mucho los dos; pero aunque quisieran a la niña, ésta ocupaba un segundo plano y desde la muerte de mi mamá, el se sentía muy solo.

Vamos adelante, sé que tengo que saber cómo morí.  Vuelvo a ver la escena donde hay un hombre que ha entrado en la casa (palacio) no viste como nosotros, es de otra condición social.  Tengo la impresión de que mi  esposo ni el hombre me pueden ver. Además veo la escena desde fuera y un poco en alto.  Aunque esto no siempre me dice nada, porque es una forma de ver lo que ocurre fuera de mí; como en una película.

Vamos de nuevo al momento en que huimos con mi hijo.  Insisto en que corra, que huya.  El dudaba en hacerlo, porque quizás no quería dejarme; pero yo no puedo más, e insisto.  El se va y creo que logra escapar, porque no presiento que haya sido atrapado.

Me atrapan,  me vendan los ojos y me arrastran por entre el monte hasta un lugar como la parte de atrás de una casa.  Es muy probable que sea atrás de nuestra misma casa (palacio); pero es posible que sea otro lugar.
Estoy tirada en el suelo con los ojos vendados.  Hay 3 o 4 hombres.   De ellos, hay uno que parece ser el que dirige o manda, y tiene una actitud de enojo contra las circunstancias.  Es como que él sabe que debe matarme, pero se niega a hacerlo y está muy molesto, enojado.  Presiento que es alguien que trabajaba para nosotros y quizás por lo mismo hay algo en él que se niega a matarme.
Deduzco de su actitud que quizás no fuimos muy malos con nuestros trabajadores y/o empleados, de lo contrario, el habría estado muy dispuesto a matarme.
Por último parece que ordena que los otros hombres lo hagan. Presiento que me dan un golpe en la cabeza con un palo grueso; lo siguiente es que me apuñalan.  Uno de los hombres me agarra por el pelo o la cabeza y me da varias puñaladas, en el vientre, pecho; tantas como 3 o  4, quizás más;  y por último en el cuello.  Quizás tenían consigna de decapitar, o no sé por qué me corta el cuello, aunque no llega a decapitarme; tal vez para asegurarse que muera.  Todo esto lo presencio desde fuera.  No hay dolor.  Sólo veo como morí.

Ahora tiene sentido la escena que veo dentro de la casa.  Yo ya estoy muerta.  No había otra manera, por otro lado, que yo hubiera podido ver lo que pasaba dentro, pues yo había huido previamente.

Mi marido está sereno y no parece acobardado. Tengo la impresión que “negocia” algo con el hombre que entró.  Es como si tratara de resolver la situación o convencerlo de algo.  Probablemente este hombre también trabajaba para nosotros o era el mismo que dio la orden de matarme.

La siguiente escena es muy fuerte.  Veo una guillotina y el que está allí, es mi marido.  Yo estoy entre la multitud que presencia todo.  En ese momento me doy cuenta que aunque estoy entre la gente, estoy un poco en alto y puedo ver perfectamente lo que pasa.  Estoy angustiada por mi esposo, hay dolor, mucho dolor.  Me niego a ver lo que se que va a pasar.  El va a ser decapitado.  En algún momento me abrazo a él (soy espíritu, yo ya morí).  Estoy como abrazándolo por encima, por su espalda, en el momento en que lo van a guillotinar. Es como si lo pudiera cubrir completamente conmigo misma.  Sé que él no me ve ni me siente. Le digo con muchísimo amor, intensamente y con desesperación: “mi amor, te amo, te amo”.  Es como si quisiera que el sepa que estoy con él y siento un gran amor por él.
No quiero ver su fin, es intensamente doloroso; y así lo digo: “no quiero verlo, no quiero verlo”.
Sin embargo  veo por un instante que fue decapitado y que su cabeza cae.  Fue extremadamente fuerte y doloroso.

Termina la regresión. Me siento tranquila.  Aunque fue muy fuerte, me siento como liberada y en paz.  De alguna manera comprendo que después de esa vida nos teníamos que volvernos a encontrar todos, otra vez, y es en esta vida.  Estoy en paz.

Ahora es el momento de sanar.

Cuál es el aprendizaje?
Lo primero que siento,  es que encontrar vidas pasadas, me completa.  Es como que sin saberlo me faltara un pedacito de mí y al encontrar una vida,  me completo.
Todo es un balance a través de la toda nuestra vida, de todo nuestro recorrido.  No hay castigos, no hay culpas.  Solo un balance.  Experimentar diversas relaciones, distintos roles, pues el papel que jugamos no siempre es el mismo.  Es experimentar el amor, sin más calificativo. Aprender a aceptarnos tal como somos, aceptar a los demás tal como son.

Dejar atrás todas las emociones negativas que se generaron con el final de esa vida.  Encontrar el sentido de cómo esas emociones han afectado esta vida, y dejarlas ir.  Es el pasado, es otra vida.  Pasó. Elegir para esta vida, amor, aprendizaje, felicidad. Vivir el presente a plenitud. Compartir esas emociones positivas.  Llevarlas a los demás empezando por los que tengo cerca.

Esta vida me ayudo mucho a sanar emociones y relaciones de esta vida.
La gran lección: AMOR